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domingo, 10 de junio de 2012

N :6 La tienta de machos: Por otra parte, el tentadero de machos es lo más serio que se hace en una ganadería, porque de lo bien o lo mal que se haga depende el futuro de muchas cosas, en Andalucía se llama tentadero de machos al acoso y derribo a campo abierto, donde los garrochistas lo ponen en suerte al picador entre la querencia natural. Esta modalidad tiene sus partidarios y sus detractores. Actualmente se hace solo en unas cuantas ganaderías andaluzas, no es frecuente en el "resto de España”, la tienta a campo abierto debería servir para ver los mansos antes de echarlos a una corrida de responsabilidad, deben salir los desechos para lidiarlos en novilladas o echarlos por los pueblos y los cuatro o cinco de comportamiento excepcional que son los candidatos a sementales. Es una de las prácticas de campo inevitables para la mejor selección del ganado, su origen se remonta a los primeros ejercicios cinegéticos del hombre con el toro: Acosar y derribar es una forma de caza no sangrienta del animal. La operación la realizan dos garrochistas a caballo, que primero separan la res del resto de la torada o vacada (camadas), luego la acosan en campo abierto hasta alcanzarla y con la garrocha (que no tiene más de 15 milímetros de puya, para no dañar la piel del animal) tendida por completo, procuran agarrarla en lo más alto y trasero de las ancas para, empujándola más con la fuerza y carrera del caballo que con la del brazo, desequilibrarla y hacerla caer. Por eso hay que organizarlo muy bien y cuidando todos los detalles, empezando por el tiempo que es muy importante para que los erales se comporten con la mayor naturalidad posible evitando disculpas del aire, el agua o el frío. Las fechas aconsejables son los días sosegados del otoño, al terminar la temporada, así el que se aprueba tiene tiempo sobrado de curarse, reponerse y estar dispuesto a primeros de enero para cubrir las primeras 20 vacas de prueba para ver como liga, en caso de superar esta prueba y convertirse en semental. Los becerros o erales no deben ser toreados jamás, sino tan sólo ser llevados al caballo a cuerpo limpio, de lo contrario quedarían inútiles para la lidia, pues una de las características de los toros bravos es que aprenden, es decir, una vez que toman un capote no lo olvidan jamás y en el caso de salir luego al ruedo, distinguen con precisión al torero del engaño, con el consiguiente peligro para la vida de los que están en el ruedo. En la prueba que se realiza en la plaza de tientas con el picador, se valora si el becerro se crece al castigo o rehúye a la pelea, si galopa, trota o va al paso, si se frena o echa las manos por delante al encuentro con el caballo, si es pronto o tardo en su arrancada, si es fijo, si se distrae o escarba, si recarga y se emplea en la pelea, si se duele o se raja, si empuja con rectitud y humillando al embestir o por el contrario, busca la vuelta, cabecea o sale suelto. También se aprecia si mantiene el conjunto de las características durante toda la pelea, si va a más o si empeora paulatinamente. Debemos recordar que en la tienta de machos (no para sementales) todo se realiza a cuerpo limpio, porque macho que sale a una plaza nunca ha sido toreado; y el ganadero deberá considerar que de acuerdo en el desempeño que tengan los cornúpetas en el tentadero, decidirá su destino final: prueba para semental o ser lidiado en festivales, novilladas sin picadores, novilladas con picadores o corridas de toros y también el tipo de plaza al que se destinen de primera, de segunda o de tercera categoría. Por lo exigente de esta prueba, no debe invitarse a extraños o profanos, porque el ganadero y sus allegados deben estar concentrados con los cinco sentidos en lo que pasa en el ruedo y no es permisible que alguien se mueva o dé una voz a destiempo. Tradicionalmente se hace la tienta en silencio y sin público, la gente justa que debe estar, los que tengan alguna responsabilidad; y si acaso, media docena de invitados que saben comportarse y no opinan hasta el final. Particularmente, estoy de acuerdo con esta seriedad y este silencio, pero para algunos esto no deja de ser un contrasentido, porque si la lidia del toro se hace ante una ruidosa muchedumbre con música y griterío, lógico seria que los futuros sementales soportaran la prueba de la forma mas real posible; lo mas parecido al toro en la plaza, sin embargo, el ganadero arriesga tanto que no son aconsejables los tumultos. Tampoco cualquier torero (aunque sea figura) sirve para hacer una tienta de machos, como en todo hacen falta especialistas, profesionales que sepan, porque antes de torear un macho (sólo en el caso de que sea puesto a prueba para semental), hay que sopesar serenamente todo lo que hace de salida y la forma de tomar los puyazos, hacer a un lado el ego y dejar que sea el animal el que brille en el ruedo. Hay novillos que salen muy espectaculares y crean un clima triunfalista, van con brío y alegría al caballo, pero a partir del tercer o cuarto puyazo bajan el tono o empiezan a hacer cosillas feas, como sonar el estribo, tardear, salirse de la suerte al llegar al peto. Fuente : Jaime Montoya ( TORERO )

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