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sábado, 6 de abril de 2013

DECLARACIONES DE JOSÈ MIGUEL ARROYO JOSELITO, CRECI ENTRE DROGADISTOS. El diestro José Miguel Arroyo Joselito abrió su alma sin tapujos y sacó su interior a borbotones, como brota la sangre del morrillo de un toro, en el segundo encuentro del XXXIII ciclo de Cajasol, un encuentro que, bajo el título Joselito, el verdadero, estuvo guiado por una de las mejores plumas del periodismo taurino actual como es la de Paco Aguado, y en el que el diestro madrileño, con la misma naturalidad que desprendía en el ruedo, habló de todo, incluso de su difícil infancia, pues asegura que creció "entre atracadores y drogadictosque venía a mi propia casa a comprar drogas, donde había de todo y a veces hasta dinero, pero tuve la suerte de entrar en la escuela taurina e ilusionarme con el toreo". El torero hizo un repaso por su vida personal y, por supuesto, taurina, y animó a los jóvenes a que se acerquen a la Fiesta porque, según afirmó con rotundidad, "fui por primera vez a los toros con diez años y aquello me atrajo de tal manera que quise ser torero y no estoy traumatizado". Tras una cariñosa presentación de Manuel Jesús Montes, Joselito comenzó hablando de la actualidad de la Fiesta y la poca accesibilidad existente hacia el mundo taurino, primero por lo económico, ya que "las entradas no son baratas" y, segundo, por la poca publicidad existente en los medios de comunicación. Sin poder evitar comparar el espectáculo taurino con el fútbol, aseguró que "es una lástima que haya jóvenes que no conozcan a 'El Juli' o a Morante y sí sepan cual es la gomina que utiliza Ronaldo". De igual forma, criticó que no se emitan corridas por televisión por ser "un espectáculo cruento, que puede serlo. Sin embargo pongo la televisión a mediodía con mi hija y solo se ven cosas malas y hacen juegos de PlayStation en los que se matan unos a otros". Por ello, lamentó que "hoy día parezca normal que nos peleemos y que nos insultemos y ahora resulta que es cruento ver una corrida de toros". Al hablar de su infancia, un periodo fundamental pero muy complicado en su vida y en la que decide ser torero, Joselito se desnudó al igual que en su libro Joselito, el verdadero, donde, según Paco Aguado, "ha roto su silencio una vez retirado y esa manera de desnudarse no es usual entre los toreros". Así, el diestro madrileño recordó el principio de su libro y aseguró que "si no hubiera sido torero, a estas alturas estaría en la cárcel o me hubiera muerto de sobredosis", unas palabras duras dichas con total naturalidad y entre risas porque asegura tenerlo totalmente superado. Sin el cuidado de su madre, que lo abandonó con muy corta edad, y con un padre que "era estupendo en la calle, pero no tanto en casa" y que en la época de la movida madrileña "se dedicó a ganar dinero fácil con la venta de drogas", a los diez años llegó a la escuela taurina de Madrid y todo cambia porque los valores que aprendió en la escuela nunca los vio en su casa, ni el respeto, ni el sacrificio, ni el esfuerzo ni la educación que aprendió de manos de Enrique Martín Arranz, primero su profesor y después su padre adoptivo, o de José de la Cal. "Ellos me enseñaron a soñar con el toreo". Entonces se ilusionó con aquello y luchó por ser torero sin darse cuenta que a la vez se alejaba de ese mundo peligroso de drogas y malas influencias en las que se estaba desarrollando su vida, una vida en la que "por la mañana iba de macarra y por la tarde me ponía el chándal y me escondía las greñas para entrenar". De sus anécdotas en la escuela, contó miles, como por ejemplo que los primeros días que fue "solo andaba, kilómetros y kilómetros hasta conseguir andar en torero" o aquella vez en la que le obligaron a salir a una vaca después de catorce chavales como castigo por su distracción al andar con malas compañías, una cuestión que le sirvió para superarse. Cuando tomó la alternativa, comenzó lo duro, ya que "se me quitaron las tonterías" y tras los primeros triunfos y tras la primera cornada, pensó que "no quería ser un torero mediático, sino de arte y con pureza" y fue cuando soltó la famosa frase: "prefiero ser un Curro Vázquez tieso que un Espartaco rico", sin menospreciar a nadie, asegura, pues le daban mucha caña con Espartaco que ya tenía mucha fuerza y toreaba en todas las plazas, pero insistió en que "no valía cortar las orejas si no sentía aquello y sin estar delante del toro, engañándolo con mucha verdad y dándole a elegir. Aquí está el trapo y aquí estoy yo". También tuvo palabras para sus ídolos como José Cubero El Yiyo, cuya muerte, cuando un toro le atraviesa el corazón en el año 85, le hizo dudar en su empeño para llegar a ser figura del toreo, o como Belmonte al que admira profundamente, confesando que "casi acaba como él, pero no tuve cojones" y cabe recordar que Belmonte se pegó un tiro en la sien. Ya en el turno de preguntas, aseguró que la hora de su retirada la fue palpando poco a poco; primero en Calahorra donde "un señor desde el tendido me empezó a dar caña antes de empezar" y otra tarde ante un toro de El Torreón "ante el que quería pero no podía". Preguntado por si piensa volver tras haber estado 17 años en activo, ya que no ha habido corte de coleta oficial, subrayó que "he sido muy bueno y como he sido muy bueno prefiero que la gente me recuerde así".

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