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sábado, 1 de diciembre de 2012

JOSÉ MANUEL CALVO BONICHÓN " MONTOLIU

Nació el 15 de agosto de 1954 en Valencia; debut con caballos en Algemesí, 21 de septiembre de 1986 (donde corta dos orejas) con novillos de Giménez Indarte, compartió cartel con Javier Buendía y Juan Diego. Debut en Las Ventas el 30 de julio de 1989 (festejo nocturno), novillos de Antonio San Román, compartió cartel con Cruz Ordóñez y Rafael de Julia. Temporada 1987: 11 novilladas, 26 orejas;
Temporada 1988: 12 novilladas, 12 orejas; Temporada 1989: 4 novilladas, 1 oreja. A partir de esta fecha se emplea como banderillero de reconocidos matadores. El día 1 de mayo de 1992, en la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla, un toro de los Señores herederos de don Atanasio Fernández Iglesias de nombre “Cubatisto” de una cornada en el costado derecho le partió el corazón. Era el toro marcado con el número 27, negro zaino de capa, que pesó 596 kilos quien le causo una: "Herida inciso contusa en la base y cara interna del tórax derecho. Rompe las arterias suprahepáticas, rompiendo también la base del pulmón derecho y el pericardio atravesando el ventrículo derecho del corazón y la aurícula izquierda, rompiendo el lóbulo superior del pulmón izquierdo llegando hasta la base izquierda del cuello. Ingresó en la enfermería prácticamente cadáver, sin reflejos, sin respiración. Inmediatamente se procedió a abrir el tórax, a realizar maniobras de resucitación sin que se pudiera lograr en ningún momento la resucitación del paciente". El tal toro de los Herederos de don Atanasio era un "tiarrón". Negro, altote, más bien basto que fino, con fiereza de enterado en el fulgor de su espabilada mirada. Monstruosa la exageración de su peso, pues le faltaron cuatro kilos para llegar a los seiscientos. ¡Toro anormal, ilógico, irracional y tremendamente astifino!

Se recreó —en banderillas— con exceso Montoliu e hizo la suerte por afán de hacer las cosas bien hechas, con demasía en la despaciosidad. Perdió una milésima de espacio en el momento del embroque y en ese instante, al desequilibrarse, le prendió el toro que ya conocía el olor de la sangre. El toro, con el pitón izquierdo, el que le clavó a Montoliu hasta abrirle el corazón en dos hojas como si fuera un libro, en frase del doctor Vila, que en realidad lo único que pudo hacer es certificar el hecho de que era el aún caliente cadáver de Montoliu lo que entró en la enfermería. Escenas patéticas en la enfermería. Sobran todas las palabras. Se notifica que el resto de la corrida se suspende —se arría la bandera y toque de duelo en el clarín— por la muerte de Montoliu.

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